viernes, 1 de abril de 2016

El concierto

Crítica El concierto

El concierto


Radu Mihaileanu nos ofrece una película amable y simpática, divertida y entrañable, con voluntad de agradar desde la sencillez y la falta de pretensiones. Como ya hiciera en “Vete y vive” (2005), parte de una situación de suplantación de identidad para hacer viajar a toda una orquesta desde Moscú hasta París, y tocar allí elConcierto para Violín de Tchaikovsky, un viejo sueño truncado hace treinta años por la intolerancia de Brézhnev. Pronto sabemos que quien trata de reunificar a la antigua orquesta es Andrei Filipov, célebre director de la orquesta del Bolshoi caído en desgracia por defender a sus músicos judíos, y que ahora trabaja como limpiador. Pero él y sus compañeros de viaje esconden secretos propósitos personales, con los que buscan revivir épocas pasadas de mayor esplendor en la música, en el partido o en los negocios, todas ellas realidades que llevan en la sangre.

Comienza el director rumano apostando por la comedia más loca y disparatada, y le imprime un ritmo trepidante a la acción buscando la carcajada con situaciones absurdas y comentarios más tópicos que ingeniosos, pero que funcionan bien y consiguen el efecto deseado.


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